martes, 31 de julio de 2012

Buenos días,

Quizá lo más raro de esta mañana de verano sea que, después de haberte imaginado más de cien días despertando a mi lado en mi cama, hoy estés en ella. Aunque quizá lo más extraño sea que, aún teniéndote a menos de 20 centímetros de mi piel, no pueda extender la mano y que mis dedos prueben el suspiro de tu mejilla.
Tantos años, tantos, imaginando el momento perfecto; cuerpos tumbados al sol, que barrería con sus rayos la tristeza, trozos de verde clavándose en nuestros cuerpos, juntos, muy juntos, y AMOR, sí, amor, no podía faltar para terminar de completar el sonido de la palabra felicidad.
Queda muy bonito todo, ¿no? Adivina qué falta, qué toca ahora; una pequeña ración de desesperanza, la tristeza que se había llevado el sol, y que escondía esperando que mi alma nunca pudiera encontrarla. Esperando no despertar nunca, que nunca se retirara el despistado brazo que medio cubría mis hombros, que el tiempo se parara...


Pero aquí está, yo, clavándome clavos oxidados directos en el corazón, no puedo parar de buscarla, o simplemente no puedo ignorar el hecho de que mi momento perfecto ha pasado y aún le falta un ingrediente, AMOR


...