lunes, 7 de noviembre de 2016
Quiero, quiero, quiero
viernes, 4 de marzo de 2016
Una canción que cabe en un contestador es un mensaje en clave.
¿Tienes un minuto? Me gustaría contarte algo. ¿Te acuerdas del día que pasamos en la playa enterrándonos en la arena y haciendo carreras de medusas? Claro que no. No me conoces. No sabes cuánto te he echado de menos. ¿Quieres sentarte? La verdad, me he olvidado de comprar té. Tengo manzanilla y un poco de miedo. ¿Subes ya? Quiero empezar a bailar y se hace tarde. La cena no está lista. La música está sonando. No hay alfombra. Voy descalza. ¿Te imaginas? Cuánto tiempo. Por favor, olvídame. No quiero hacerte más daño. Vernos sería un error. Te abro. Pon el marcapáginas donde pueda verlo. ¿Estás llorando? Este silencio es aterrador y esperar más tiempo un error absoluto. Vuelve. El club de la lucha no es lo mismo sin ti. Me duelen las piernas. Se te está apagando la risa. ¿Lo habías notado? Han puesto trece canales nuevos en la tele. Llueve y me he dejado el paraguas. El café está frío. Las aceras me miran con ojos golosos. ¿Tienes fuego? Lo estoy dejando, te lo prometo. Algún día te darás cuenta. No somos nada. No te vayas. Mírame. Es todo tan complicado... ¿verdad? No me mientas. Sé cuando lo estás haciendo. Mueves mucho las manos y se te dilatan las fosas nasales. Empiezas a sudar por las sienes. Te quiero. Las pequeñas gotas bajan por tu cuello. No pasa nada. ¿Me recoges esta noche? Me he ido para no volver. Te compraré un recuerdo. El del paseo por el centro y nuestro primer café. Se está vendiendo muy bien a 2,50. No te subestimes. Encontrarás a alguien. Simplemente ahora no es el momento. Grita. ¿Hay alguien ahí? Mírate las manos. Desprenden besos deliciosos. ¿Cantas? Solías hacerlo muy bien. Llámame.
No, no canto. Estoy harto de tus cuentos. Había una vez un árbol. Se le habían caído todas las hojas y parecía desnudo. Me recordó a ti. Me acerqué a él con cautela, no quería que se asustara. Posé una mano sobre su tronco y respiré. Me hice una herida con una astilla. Recogí una manzana del suelo. Le tarareé la canción de Pocahontas. Me sentí en armonía con el universo. Pero no fue suficiente. Había una vez un pájaro. De pequeño un terrible accidente inmobiliario lo separó de su nido y ya no supo volver. Tampoco es que quedara algo de su hogar. Se rompió un ala y dejó de volar. Por miedo, más que nada. Una mañana llamó a mi puerta y me preguntó si podía salvarme la vida. Le dije que no, pero le invité a pasar. Nos bebimos dos botellas de whisky y empecé a verlo todo mucho más claro. Le cure las heridas, y él, en cierto modo me salvó la vida. Pero no fue suficiente. Había una vez una nube. Cada día tenía una forma distinta. Le gustaba sonreírle a los enamorados al pasar. Retenía la lluvia hasta que no aguantaba más y entonces explotaba. Se sentía segura alejada de las demás nubes. Quería ser la única en un cielo despejado. Un día me invitó a subir con ella y dar un paseo. Recorrimos el mundo de punta a punta. Ella nunca había estado en China, y le encantó. Después bailamos danzas tirolesas y admiramos desde lo alto la Torre Eiffel. Pero un día la nube ya no estaba. Me dejó terriblemente solo en el cielo. Se esfumó. Al fin y al cabo, era una nube. Si todavía sigues ahí, no cuelgues. Lo siento, es demasiado pronto. Lo siento, es demasiado tarde. Pero nunca dejes de intentarlo.