para envidiar a las colinas
barro, para soñarle al cielo
brisa, y necesitar arder
pero más quisiera no ser yo
para olvidar mejor tu piel.
Un día cualquiera agarraría
dos trapos, mi simple vejez
al mismo infierno subiría
y con paciencia pediría
que me niegen probar la miel.
Quiero rasgarme, florecer
abrirme toda por el pecho
sentenciar que puedo ser mía
cantar verdades sin delirio
saber mirar sin más que ver.
Y sin descanso volaría
por cauces, rías y arrecifes
por campos densos, despoblados
por las montañas y caminos
y las llanuras de mi ser.
Tal vez también compartiría
un beso y dos trozos de pan
la soledad que no bastara
la pena de conocer niebla
la fe de a veces no creer.
Y lloraría y lloraría
formando surcos al nacer
tras observar el loco viento
las fronteras del raciocinio
y las mil curvas del querer.