Lo había visto caer una y mil veces.
Lo había visto enfrentarse a sus miedos.
Lo había visto leer, dormir, comer, y llorar. Actos imprescindibles para vivir.
Lo había visto aprender a reír de nuevo.
Lo había visto enamorarse de tantas canciones como oyentes.
Lo había visto encandilado por una sonrisa.
Lo había visto feliz.
Pero no me juzgues.
Yo no quiero ser espectador.
sábado, 30 de marzo de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
Lógica formal
Pensando lo mejor de las personas acabas encontrando lo peor de ellas.
Me gusta que me des explicaciones solo porque oigo tu voz.
La forma más humana de pedir un abrazo es hacer creer que no lo necesitas.
Te quedan mejor los pantalones vaqueros.
La risa puede ser el mejor depresivo.
Una nota de piano puede desencadenar una explosión.
El Sol nunca ciega si no quieres.
No sé puede amar de forma sana.
Me gusta que me des explicaciones solo porque oigo tu voz.
La forma más humana de pedir un abrazo es hacer creer que no lo necesitas.
Te quedan mejor los pantalones vaqueros.
La risa puede ser el mejor depresivo.
Una nota de piano puede desencadenar una explosión.
El Sol nunca ciega si no quieres.
No sé puede amar de forma sana.
lunes, 18 de marzo de 2013
A lo hecho, techo
Que el límite nos lo ponga el cielo es algo que muchos dicen pero pocos comprenden.
Que los mismos pies que nos mantienen pegados a la tierra, son los mismos que pueden despegar y volar, saltarse las barreras, y entre las nubes, buscar respuestas o simplemente flotar.
¿De dónde nos vendrá esa obsesión por el cielo? ¿Por qué el paraíso está arriba, y no bajo tierra, supuestamente a salvo?
Porque
el ser humano tiene el instinto natural de ser libre. De mirar arriba y sentir la inmensidad que le rodea; soñar con todo el azul que le queda por conocer.
Porque en el fondo, todos somos pájaros.
Abrimos los brazos, nos estiramos, con la esperanza de que nos salgan alas que nos lleven lejos de aquí, poder mirar el amor desde arriba, saber que la caída es fuerte, pero que valdrá la pena todo lo que hemos luchado para llegar.
Queremos embotellar el cielo, capturarlo en instantes, porque es, queramos o no, igual a vida.
A mundo.
A libertad.
Y aunque parezca imposible, nunca dejéis de mirarlo, seguid volando, que nos ayuden nuestras mentes, pues ellas son los verdaderos aviones. Soltad vuestros pensamientos como globos al viento, y al final, el cielo vendrá a nosotros. La felicidad vendrá a nosotros.
''El cielo está cayendo''
O nosotros estamos subiendo.
Que los mismos pies que nos mantienen pegados a la tierra, son los mismos que pueden despegar y volar, saltarse las barreras, y entre las nubes, buscar respuestas o simplemente flotar.
¿De dónde nos vendrá esa obsesión por el cielo? ¿Por qué el paraíso está arriba, y no bajo tierra, supuestamente a salvo?
Porque
el ser humano tiene el instinto natural de ser libre. De mirar arriba y sentir la inmensidad que le rodea; soñar con todo el azul que le queda por conocer.
Porque en el fondo, todos somos pájaros.
Abrimos los brazos, nos estiramos, con la esperanza de que nos salgan alas que nos lleven lejos de aquí, poder mirar el amor desde arriba, saber que la caída es fuerte, pero que valdrá la pena todo lo que hemos luchado para llegar.
Queremos embotellar el cielo, capturarlo en instantes, porque es, queramos o no, igual a vida.
A mundo.
A libertad.
Y aunque parezca imposible, nunca dejéis de mirarlo, seguid volando, que nos ayuden nuestras mentes, pues ellas son los verdaderos aviones. Soltad vuestros pensamientos como globos al viento, y al final, el cielo vendrá a nosotros. La felicidad vendrá a nosotros.
''El cielo está cayendo''
O nosotros estamos subiendo.
jueves, 14 de marzo de 2013
miércoles, 6 de marzo de 2013
Miedo a perdernos, miedo a encontrarnos
Es ese egoísmo propio del amor el mismo que nos hace pisar nuestros castillos de arena justo al terminarlos, tras admirar dos minutos nuestra obra, que nos tienta a acabar con las historias de lo que llamamos amor, cuando parece que todo va mal y no se ve luz al final de las falsas sonrisas. Ese egoísmo que nos insta a guardarlo todo sin importar el valor que tenga.
O podríamos hablar de poder. La certeza de tener el control. Yo creo montañas de arena cuando yo quiero. Yo te dejo primero, porque así lo he elegido. Yo decido no enviar esta carta, y mantenerla escondida en un cajón de cosas tristemente inútiles que no quiero tirar porque me recuerdan a ciertos paisajes que nada tienen que ver con montañas, pero sí con la curva de tu cadera.
Pero en realidad siempre hablamos de miedo. El miedo a que alguien destruya el mundo que habíamos creado en un descuidado paseo. El miedo a que nos abandonen antes de que podamos hacernos a la idea. El miedo a olvidar a alguien y sin embargo darte cuenta de que sigues necesitando su mirada adormilada cada mañana.
O podríamos hablar de poder. La certeza de tener el control. Yo creo montañas de arena cuando yo quiero. Yo te dejo primero, porque así lo he elegido. Yo decido no enviar esta carta, y mantenerla escondida en un cajón de cosas tristemente inútiles que no quiero tirar porque me recuerdan a ciertos paisajes que nada tienen que ver con montañas, pero sí con la curva de tu cadera.
Pero en realidad siempre hablamos de miedo. El miedo a que alguien destruya el mundo que habíamos creado en un descuidado paseo. El miedo a que nos abandonen antes de que podamos hacernos a la idea. El miedo a olvidar a alguien y sin embargo darte cuenta de que sigues necesitando su mirada adormilada cada mañana.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)