lunes, 18 de marzo de 2013

A lo hecho, techo

Que el límite nos lo ponga el cielo es algo que muchos dicen pero pocos comprenden.
Que los mismos pies que nos mantienen pegados a la tierra, son los mismos que pueden despegar y volar, saltarse las barreras, y entre las nubes, buscar respuestas o simplemente flotar.

¿De dónde nos vendrá esa obsesión por el cielo? ¿Por qué el paraíso está arriba, y no bajo tierra, supuestamente a salvo?

Porque
el ser humano tiene el instinto natural de ser libre. De mirar arriba y sentir la inmensidad que le rodea; soñar con todo el azul que le queda por conocer.
Porque en el fondo, todos somos pájaros.

Abrimos los brazos, nos estiramos, con la esperanza de que nos salgan alas que nos lleven lejos de aquí, poder mirar el amor desde arriba, saber que la caída es fuerte, pero que valdrá la pena todo lo que hemos luchado para llegar.

Queremos embotellar el cielo, capturarlo en instantes, porque es, queramos o no, igual a vida.
A mundo.
A libertad.

Y aunque parezca imposible, nunca dejéis de mirarlo, seguid volando, que nos ayuden nuestras mentes, pues ellas son los verdaderos aviones. Soltad vuestros pensamientos como globos al viento, y al final, el cielo vendrá a nosotros. La felicidad vendrá a nosotros.

''El cielo está cayendo''

O nosotros estamos subiendo.





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