Supongo que al final el amor versa sobre apreciar lo bello en lo horrible.
Por ejemplo conozco a alguien que hace que ame las ojeras que salen al no dormir, que vea preciosas un puñado de flores marchitas solo porque están en sus manos... Este alguien me hace ver luz en la oscuridad, o simplemente me ha hecho darme cuenta de que la oscuridad puede ser maravillosa. Hace que las canciones desafinadas suenen mejor que una perfectamente compuesta, y que una casa derruida tenga mucho más encanto que un chalet de tres pisos con piscina. También hace que ame una letra torcida, una historia con final amargo o un plato agridulce.
He aprendido a flotar en sus brazos, a cambiar ruedas pinchadas, a disfrutar del frío, a recoger cristales y a tomar decisiones dificiles. A llorar. A dibujar sentimientos y a creer en que los corazones rotos se pueden reparar, y déjame decirte que estos son mucho más bonitos.
Porque él hace que los malos tragos sepan a dulce licor de melocotón, solamente con su compañía, haciendo perfecto cada momento que debería ser odiado. Y por eso precisamente lo amo, porque hace que ame cada instante de mi propia vida, de una manera un tanto nitzscheana, me ha enseñado a creer en los defectos, y a convertirlos en el tesoro más preciado de todo su ser.
Por eso puede decirse que amo cuando está demasiado callado, cuando se levanta y se aleja sin mirar atrás, cuando duda de todo y todos y cuando se enfada sin motivo aparente. Su mal humor y su manera de arreglar las cosas. Pues como todos es un ser imperfecto, un puro defecto andante. Y por eso mismo sé que encontrar su belleza es amor.
Que amor es encontrar su parte más malvada y convertirla en la más preciada y hermosa que podamos imaginar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario