No encuentro forma de saltar la verja que da al paraíso, si no es escapándome de allí contigo.
Cada noche miro fijamente al sol, a ver si me ciega de una puta vez, o me quita la venda y me tira a la cara todos los defectos. La etapa del odio es lo más horrible y sano que una ruptura puede dar, y con ruptura pienso en cuando solo se rompe uno, y es uno mismo. Pienso, y demasiado, que echar de menos no es más que intentar echar a alguien. Lo empujamos poquito a poquito fuera de nuestra vida, y porque es nuestra en algún momento lo agarramos fuerte de la camisa, luego de la cintura y le susurramos que no se vaya. Porque si me echaras de menos estarías en mi puerta con la simple excusa de 'me apetecia verte', y si te echara de menos te la cerraría en las narices. No volver a verte acabaría con todos mis problemas, la verdad, y con mis ganas de vivir. Y verte todos los días no hace más que agrandar un agujero en el pecho que se llena de oscuridad cada vez que dan las seis. Todo se hace interminable si no estás, y más doloroso cuando te vas. Pero qué te voy a contar que no sepas ya, que no hayas vivido ya. Eso de vivir... se lo dejo a quién pueda. A quién no tenga que buscar nuevas maneras de no sentirse triste cada semana. Te lo dejo a ti, que para tristes dos, triste yo. Triste buscando una luna que ya han encontrado, empeñándome en ser la primera cuando está más que harta de ser fallidamente conquistada. Seguro que Júpiter no quería a ninguna de las lunas que tenía. Ellas suspirando por sus huesos, y él enamorado de los anillos de Saturno.
Que sí, que queremos lo que envenena, y afrontamos el hecho de que vamos a morir, pero joder, me gustaría morirme habiendo tomado un poco de ese mismo elixir que puede curarme y destruirme al mismo tiempo.
Yo qué sé, que me paso la vida buscando maneras de escribirte, de dejar de escrbirte, de verte y no verte más, de matarte, matarme o matarnos, de abrazarte, de abrazarnos, de mirarte a los ojos. Me complico la vida buscando palabras que te describan, o describan el caos que llevo dentro.
Cuando al final todo lo que tengo que decirte es tan simple como te quiero.
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