sábado, 5 de julio de 2014

La belleza del amor

Qué me vais a contar, si ya sé que buscáis a un hombre que os haga reír, que os abra la puerta del coche y se incline como un caballero, que pague la cuenta y el pato de aguantaros, que llore con vosotras en las peliculas románticas y os acompañe a todas y cada una de las insoportables comidas familiares. Queréis que os mire como si fueráis la única, convertiros en su mundo y que os escriba canciones proclamando su amor para que se enteren todos los demás, y que sufra con el mero hecho de pensar que puede perderos. Mentís si no deseáis a un hombre detallista, sincero y por qué no, guapo. Alguien que os cocine y os manche la nariz de chocolate, que os folle en el suelo de la cocina una y otra vez, que pierda la noción del tiempo cuando está con vosotras y cancele todos sus planes por ver unos segundos vuestro rostro. Queréis que os cuide y que os mime, que sepa lo que os pasa sin tener que preguntar, que os de sorpresas y os lleve a cenar. Que os compre vestidos y os coma con los ojos, que os soporte y anime en los días malos, que tenga coche y os lleve de viaje a islas perdidas. Buscáis a alguien que se escape con vosotras cualquier noche de imprevisto, que no mire a otras ni sea celoso, que exactamente igual que vosotras, quiera tener un pastor alemán, un canario, dos niños y una niña, que escuche la misma música que vosotras y odie el color violeta, que os bese bien, que os haga sentir como nunca, que os escuche y entienda, que sea comprensivo, inteligente, que tenga estudios, trate bien a los ancianos, cuide el medio ambiente, que se ponga moreno en verano, que tenga plantas en casa y haga las tareas del hogar sin rechistar, que gane un buen sueldo, mida 1,80 y tenga los ojos verdes, si por pedir... 

El caso es que, al final, todo lo que buscáis es alguien de quien estéis enamoradas y os corresponda; siendo la mayoría de veces completamente diferente e incluso opuesto al prototipo que estábais buscando.

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