Siempre se me hacía ajeno
el tic tac del reloj molesto incluso
al visitar a mi abuela no soportaba
su compás incansable cortando
el cálido silencio de tarde
me parecía un agente extraño
que no pertenecía y casi violaba
la poca intimidad del habitante
pero ahora,
en la quietud de una casa vacía
lo siento inherente parte de mi hogar.
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