viernes, 22 de junio de 2012

Tiempo

Vivimos en un mundo donde las personas se enfrentan resguardadas tras una pantalla de ordenador. Vivimos en un mundo donde el humo y los rascacielos son más importantes que un sauce llorón. Vivimos en un mundo oscuro. Vivimos en un mundo de constante movimiento y agitación, pero no el sutil movimiento que podría llevar una hoja al desprenderse de la rama a la que ha estado adherida tanto tiempo, si no un movimiento rápido y desgarrador que afecta hasta al más pacífico koala que dormita en su árbol. Vivimos en un mundo gris cuando debería ser azul. Vivimos en un mundo cruel cuando debería ser maravilloso. Vivimos en un mundo plagado de mentiras y de injusticias. Vivimos entre mucha gente y pocas personas. Vivimos en un mundo contaminado, y no solo me refiero al medio ambiente. Vivimos en un mundo demasiado pequeño para nosotros, aunque nos debería quedar grande. Vivimos en un mundo que no debería ser nuestro, si no pertenecer nosotros a él y agradecer que esta esfera azul esté siempre aquí para acogernos. Vivimos en un mundo. El que tenemos, o lo que hemos hecho de él. 


Podemos volver a tiempos mágicos de cuevas, de nieve y de hogueras.
A momentos donde el agua caía con estrépito y con un grito se derrumbaba una montaña.
Al instante donde ver florecer un arco iris. Donde las pieles se rozaban sin prisa. 

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