martes, 30 de octubre de 2012

Lo Bello y lo Bestia

Si alguna vez has querido tan fuerte que sentías que ibas a reventar, lo sabrás. 
Sabrás que no es sano, que al final acabará destruyéndote. Tanto como si ese amor es correspondido como si no, te perjudica, te duele. En un caso no puedes entregarlo, y amenaza con desbordarse de tu pecho, pero las barreras a punto de resquebrajarse de la incertidumbre, del temor al rechazo, de la certeza... lo contienen. 
Ese amor es la luz que se filtra por debajo de una puerta cerrada. 
Y si es verdad que puedes entregarlo, y pensar 'Soy completamente feliz', el miedo a que esa felicidad pueda desaparecer de un momento a otro, por cualquier causa, hacen de ese un amor doloroso, que acaba en una sincera sonrisa ácida. 
Amar de forma insana. 

En cambio, existe un remedio. Si se puede amar de forma insana, ¿por qué no de forma sana? Vivir en un mundo de cielo rosa, siempre cogidos de la mano, mirándonos a los ojos y encontrando... afecto, pero no amor. 
No se debería llamar amar de forma sana, porque si no duele, no es amor.
No es amor si no saltarías al vacío por esa palabra, si no llorarías lágrimas amargas ante momentos difíciles. 
No es amor dejar las cosas pasar. No vale con mirar y sentir un agradable cosquilleo, tienen que ser huracanes los que azoten tu interior, tsunamis que saquen a flote cosas que jamás pensarías en decirle a una persona. Sentir fuerte las emociones.
Y eso, lo niegues o no, duele. 

Solo me queda decir que, ¿no acabaremos muriendo igualmente? 
Si es así, prefiero autodestruirme lentamente junto a ese ser querido, que mirar el amor a través de un cristal empañando y vivir engañado para siempre. 

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