jueves, 11 de abril de 2013

Us against us, it hurt like heaven.

Si la lluvia golpeaba con fuerza las paredes de la casa, ellos abrían las ventanas y la invitaban a entrar.
Le daban la bienvenida como quien recibe a un buen amigo después de una larga temporada sin verle.
Extendían los brazos y gritaban. A las gotas que empapaban la alfombra, o tal vez entre sí.
El agua inundaba la casa, llegaba ya hasta los sofás que nunca usaban para entregarse el uno al otro. 
Y se ahogaban, pero, ¿sabes una cosa?, sus manos se buscaban entre las olas; ella, agarrada al cable de la lámpara que curiosamente no se apagaba, recorría la habitación con la mirada, pues no se veía capaz de perderle. Eso mismo habían acordado. Desatemos la tormenta, pero jurando que nos enfrentaremos a ella. 

Rayos, la quiero, pensaba él.

Y la infinidad de problemas que antes amenazaban con derrumbar la casa, vaya si la derrumbaron, pero allí estaban ellos para reconstruirla, más grande y mejor que como era antaño, y con mucho más amor. 

Dejaron entrar a la lluvia, y se llevó sus lágrimas.

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