Que gran poder el de las modas; que marcan nuestra manera de actuar, de pensar, de hablar, y hasta de vivir, haciéndonos ser lo que la sociedad ha decidido-a veces sin ni siquiera quererlo o saberlo- que seamos. Y parece que nos gusta, seguir un camino prefijado, sin pararnos a reflexionar que nos aporta ese caminar sin sentido. Porque nos vamos a morir, ¿sabéis? Y puede que al final de mi camino no quiera encontrarme con mil fotos borrosas, un infinito tatuado en la muñeca y doce pares de zapatos de lona que no te protegen los pies cuando llueve.
Me pregunto cuando se pondrá de moda sonreír en las fotos, leer libros, comprar en tiendas de segunda mano, comer fruta o colaborar en hospitales. Cosas mucho más necesarias y que, si estuvieran ''de moda'' el mundo entero mejoraría una barbaridad. Pero es nuestro propio egoísmo el que nos lo impide; ¿quién pone las modas? ¿Dios? ¿Se imponen ellas solas? Nosotros. Somos nosotros los que elegimos darle más importancia a llevar un reloj de oro que a disfrutar de un rato agradable con tus amigos. Vistan lo que vistan, piensen lo que piensen, compren, digan, lloren lo que sea.
Me pregunto cuando la opinión de los demás dejará de estar de moda. Y podamos salir a la calle libres de las miradas de los que opinan, hablan y ríen sin reír. Me pregunto cuando estará de moda ser uno mismo. Cuando estará de moda vivir.
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