He jugado a creerme Dios, a creer que a alguien podría parecerle Dios, a creer que a Dios podría parecerle un igual.
Hablo del amor. Y de como nos da fuerzas para levantarnos cada día, nos hace vernos más guapos, mejores personas; y más atrevidos. Nos hace pensar que tenemos un alma gemela que está esperándonos ahí fuera, y que cuando la encontremos nunca nos abandonará. Pero he llegado a la triste conclusión de que somos nuestra propia alma gemela, y yo, personalmente, no quiero estar conmigo. Necesito de otro que me agarre antes de saltar, que me necesite sonriendo, y me diga que vale la pena todo por lo que he pasado. Que no estamos vacíos, que valgo oro, o simplemente, que me quiere. Porque yo, personalmente, no soy capaz de decírmelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario