martes, 28 de enero de 2014

¿Miop?

Dicen que cuanto más dura es la vida más fuerte te vuelves y mejor afrontas los problemas que vengan. Esta es la historia de la mujer que a cada golpe que recibía se volvía más y más frágil, como un cristal que se ha caído demasiadas veces al suelo en un descuido y siente grietas internas, que avisan que el próximo contacto con el frío linóleo será el definitivo. Esta mujer se llevaba rápidamente una mano al pecho cada vez que cualquier ruido, conversación o paseo la alteraba mínimamente, como intentando que no cayeran en cascada los mil trozos de los que estaba compuesta, manteniéndose unida con ese simple gesto involuntario. Los días de lluvia miraba las calles y las personas como quien admira un paisaje precioso y ansía pintarlo al óleo pero no dispone de los colores necesarios; y se llevaba la otra mano a la frente, ocultando sus ojos a los demás, aunque pudiera sentir las lágrimas haciendo carreras por sus mejillas y formando charcos a sus pies. Le gustaban los dentistas, las plantas marchitas, las medusas y los silencios incómodos; simplemente porque de esas cosas no podía enamorarse, y respiraba aliviada en un mar de tranquilidad, con los brazos por fin abiertos, desenredando los nudos que se habían formado dentro de ella y sintiéndose segura. Nunca dormía, porque sus sueños eran incluso peores que su realidad, y con los ojos abiertos se prohibía soñar, pensando en cualquier cosa menos en pensar. Cuando palabras que no debían ser pronunciadas amenazaban con escapar de la cárcel que había formado para ellas bajo su cabello, se dedicaba a tirarse por las ventanas de casas de desconocidos, siendo perfectamente consciente de que nadie se iba a dar cuenta de su caída, y de que nadie la recogería. Efectivamente, jamás halló la policía indicio alguno de tales actividades, por el simple hecho de que no era informada, y jamás gritó un ser humano por salvar la vida de esta suicida que nunca acababa de morirse. Pues, ¿puede volver a morir alguien que ya está muerto? Nunca pisaba un hospital si no era para admirar el milagro de un nacimiento. A hurtadillas se colaba en esas salas donde guardan a los bebés en observación, o a aquellos cuyos padres están dormidos, exhaustos tras haber conducido como nunca en su vida para llegar a tiempo a verles abrir los diminutos ojos que poseen los recién nacidos. Alzaba con delicadeza estos niños de apariencia abandonada pero amados como ella nunca lo fue, y los observaba atentamente, como si de un experimento científico se tratara. Curiosas criaturas, los bebés, pensaba. No tienen ni idea de como funciona el mundo, de lo que serán dentro de diez años, de lo poco que debería importar su color de ojos y cuanto lo hace, o de querer a alguien. Y los padres, igual que los previenen de no ingerir alimentos del suelo, o de no acercarse a animales desconocidos, ¿no deberían prevenirles también de lo dañino que puede ser amar a alguien? Muchos problemas nos ahorraríamos, susurraba dulcemente al tiempo que agarraba al niño correspondiente por el tobillo. Ella, a quién nunca le había llorado un bebé, pues les había robado todas las ganas, huía en cuanto el pequeño ser de sus brazos mostraba algún afecto hacia su cariño. Nunca sonreía; esto era un privilegio reservado a quien lo mereciera, y aunque lo creyera con todas sus fuerzas, el destino le demostraba que estaba equivocada. Así que se escondía en la copa de un árbol e intentaba ser pájaro, más desesperadamente tras cada intento fallido de batir sus inexistentes alas. No comía, no bailaba, no leía, no cantaba, pues cada una de estas acciones le provocaba un dolor extra, y aumentaba la luz que vivía en su interior, la misma luz que derretiría la coraza que se había forjado contra posibles amenazas. En resumen: no vivía, ya que la vez que lo había intentado no había salido demasiado bien, y con demasiado bien quería decir que mejor estaría bajo tierra que emborrachándose de recuerdos de miradas cuando creía que no era vista. Esta es la historia de la mujer que encontró el infierno en el cielo, y contempló impasible como lo divino se volvía mortífero y macabro, sin opción a evitarlo de alguna manera. Como abriendo una golosina envenenada asumió los riesgos que corría al cruzar la línea del amor al odio y de la esperanza a la tumba, y acabó obligándose a olvidar lo que alguna vez la había hecho feliz, para evitar que se corrompiera de nuevo.

lunes, 27 de enero de 2014

Fuck you, fuck me

En mi habitación
en tu habitación
en su habitación
por las mañanas
por las tardes
después de cenar
al levantarme
a medianoche
al salir el sol
al esconderse
mientras suena mi canción favorita
en silencio
gritando
en el coche
de vacaciones
en invierno
cumpliendo primaveras
tomando el sol
bebiendo cerveza
bailando
paseando al perro
merendando
estudiando
viendo las noticias
pintando amaneceres
leyendo poesía
hablando
recordando
sola
acompañada
en clase
escribiendo
hasta durmiendo....

                                                   no deja de doler.




sábado, 4 de enero de 2014

Unos tanto y otros tampoco

Te tengo aprecio
muy barato
y te quiero
cuando lo necesito,

amigo es cualquiera que me diga la hora en la parada del autobús
y me salve de tener que volver pronto a casa
que es un trozo de calle, un trozo de cielo, mucha soledad y
 mi rincón favorito de Madrid

está más cerca que un abrazo en el sofá
a dos centímetros de unos ojos que hablen
más alto que las voces de mi cabeza
que se parecen mucho a las de
todos mis demonios

no son tan horribles
no son horribles en absoluto
pero el cielo es para unos
lo que el infierno para otros

que prefieren sentarse en su trono
y dominar la miseria sin salir de la caverna
porque conocer la dicha y no experimentarla es
la peor tortura a la que te pueden someter

también es la indiferencia
y el no me importa nadie
al fin y al cabo el sentido del amor consiste en
querer a los demás

es quererse a uno mismo
o eso quieren hacernos querer
y yo ya no me creo
 nada

hacia la orilla
donde me espera un flotador
y un poco de pizza, por soñar...
porque las buenas noticias vienen de tres en tres

y las malas no se van nunca
del todo
por la parte
que me toca

de manera insistente el hombro
como recordándome que se me ha olvidado
ser feliz

está valorado en millones de oro y diamantes
infra, y sobre
la mesa solo hay
dos chinchetas,
una película rayada,
agua,
una margarita casi seca,
espectros de besos
y unas manos que tamborilean impacientes

esperando
en algún lugar lejano
a que alguien se atreva a cambiar lo material
por un significado
y dé ese pequeño paso para el hombre
que ha perdido la fé en la humanidad.


jueves, 2 de enero de 2014

A veces escribo cosas.

Estoy temblando por dentro,
apuntando al cielo con una pistola
cargada de balas que no se disparan
de daño, de flores, de gritos, de caras
intento suicida de huir de una vida
que no se remedia, que pide morfina
pero no alivia la carga que soporta el misterio
de querer recibirte con los brazos abiertos.

Hablo mucho y sueño poco,
o quizá era el revés, es lo que tienen los locos
y con la boca abierta observo anonadado
las olas que destruyen mi isla desierta.

No estoy solo, estoy triste
palabras que pronuncio y nunca oíste
vivo de noche desde hace milenios
escuchando aullidos, estrellas y que derroche
de intimidad, de alegría y de impotencia
 grito
solo me cura tu presencia.

Cargado de dolor recorro el camino
no es pesado, es amor
es lo que elijo, no el destino
y la vida de elecciones está llena
pero hablando seriamente, ¿quién elige la pena?

Escribo porque quiero, porque amo y siempre espero
que las historias que imaginas se te hagan realidad
escapar es tan inútil como intentar olvidar,
hay que aprender a vivir con lo que has vivido ya.

Los últimos minutos de toda mi existencia
se renuevan cada día que resucito en esencia
no hay mañana que no exclame que quiero cambiar
seguidamente mato el tiempo de la cama al sofá.

No me hables, no quiero ver a nadie
no quiero ver sonrisas que se pierden por los cables
mátate conmigo y ya veremos los detalles
aún queda mucho por delante
siéntelo, me dicen, disfruta del instante
pero lanzo por un precipicio los recuerdos
rompo las ventanas y de cristales construyo mi reflejo
no es cantidad, es calidad y ahora no me importa nadie
sálvate conmigo o prenderé fuego a las calles.

Ando solo, sin rumbo aparente
¿realmente importa lo que piense la gente?
doy patadas, doy asco
guardo las miradas más bonitas en un frasco 
¿y aún te atreves a decirme que no siento?
pues gracias, hasta otra, ojalá no nos veamos
ojalá cierre los ojos y solo encuentre oscuridad
y que tu nombre solo sea un nombre como todos los demás.

Aún espero que me caiga el cielo encima
apartar las nubes, encontrar mi medicina
que las estrellas brillen solo para mí
y poco a poco cada noche sea capaz de dormir.

Tengo un hueco en mi cama
agujeros en el alma
y no es triste consuelo si no necesito calma
romper con todo es sano si eres fuerte
y nosotros somos humanos, somos débiles
los problemas vienen fáciles
y no encuentro solución
que apague la radio cuando suena nuestra canción.

No te muevas, no me olvides
a las seis pide un deseo
no te mueras, no me mires
solo recuerda que algún día fuimos libres
planta algunas flores, ódiame de buenas,
busca en mis ruinas y amansa las fieras
porque pronto
resurgiré de mis cenizas
y quemaré tanto las ganas que perderemos la conciencia.

Paciencia, el instinto de supervivencia ha resurgido
las lágrimas son letras que le dan un buen sentido
a tumbarme en el suelo y mirar hacia el techo
intentando cerrar este agujero en el pecho
que sigue abierto
y seguirá por mucho tiempo
las heridas no se cierran ni se cosen con el viento
es voluntad, es libertad
libérame de estas cadenas, déjame volar
lo último que te pido es dejar de llorar.