Si no la acaricia un vuelco,
no la acaricia en astucia,
¿qué es si no incertidumbre,
expectativa que vuela?
Si no la acaricia un vuelco,
no la acaricia en astucia,
¿qué es si no incertidumbre,
expectativa que vuela?
Cálida soñadora honesta
había una intención
no lo dudo ahora moribunda
era pura verdadera
tímida pero candente
había una intención rota
había deseo y promesa
(sin espuelas pero con determinación)
era marrón y amarilla
era así como te la describo
parecía legítima y longeva.
¿Fue de verdad?
¿fue tal como lo recuerdo?
el roce de tu mano,
¿fue real?
el atisbo inseguro,
¿lo sentiste como yo?
¿lo pensaste igual?
cuando nos mirábamos,
dime,
¿me veías?
la piedra en el estómago,
la llamarada,
¿la tenías?
¿la tenías?
Siempre se me hacía ajeno
el tic tac del reloj molesto incluso
al visitar a mi abuela no soportaba
su compás incansable cortando
el cálido silencio de tarde
me parecía un agente extraño
que no pertenecía y casi violaba
la poca intimidad del habitante
pero ahora,
en la quietud de una casa vacía
lo siento inherente parte de mi hogar.
Allí hay un cuerpo agarrado
pende en balde sobre el cielo
se sacude las espinas
alimenta mi recelo
sube sin saber cogerme
lame sin pensar siquiera
piensa sin sentir castigo
yace inerte en la vereda
hay un cuerpo allí colgado
mira con ojos vacíos
en el límite presunto
se sacude con hastío
me encadena cuidadoso
dormimos la furia eterna
nos cogemos de la mano
arrastramos lo que queda
y mi cuerpo que es flotante
se despide bien cuidado
si le arrancan la condena
del lenguaje acorazado,
de saberse desbordado,
de no estar siempre a tu lado.
El dolor cuando se arruga
y me encuentra en recovecos
brilla y brilla sin caerse
me acaricia como un beso
el dolor cuando amanece
trae constantes y recuerdo
el color que había al alba
las promesas de bolero
el dolor cuando suspira
no abandona ningún pero
llora y llora sin perderse
me sujeta bien el pelo
el dolor cuando apacigua
y sonríe sin quererlo
se repliega en consonancia
con el canto del deseo
el dolor cuando caduca
vuelve con calma y esmero
siempre habita en nuestras uñas
contradice lo que espero
el dolor cuando me mira
el dolor cuando lo pienso
el dolor cuando me abraza
el dolor cuando lo anhelo.
En mi cabeza:
contradicción, bruma, lírica, olvido
En mis manos:
futuro, pasión, límites, violencia
maldad, cambio, lágrimas, paciencia
En mi corazón:
recuerdo, rabia, empatía, silencio,
ausencia, engaño, lazos, aprecio
En definitiva:
perdón, gracias,
adiós.
Su mano abrupta cercana incauta
(mi espalda es un páramo y su mano atraviesa)
su boca tangente llora en la tarde
(mi cuerpo ladra pero nunca recelo)
sus ojos que son líricos cuando remontan
(mi memoria no se atreve a nombrarle)
su carne abierta en sentencia dicta
(mi cocina fue un santuario y comí de su carne)
en letanía: su mano ácida sus ojos fieros su lengua piadosa su boca y su carne
(qué dificil se perdona y qué pronto se olvida, o quizá era al revés)
A veces uno no sabe
si la hierba crece más verde en el jardín
del vecino o en el propio
si la suya es acaso verde
cuál es el verde superlativo
yo al menos no puedo saber
si lo que anida en el estómago
son mariposas o gusanos
si el vaso está medio vacío
si hay vaso
si este dolor en la escala
es un dos o un seis
y muchas veces no he sabido
si es cierta mi incertidumbre
si un poema es poema
o una sucesión inocua de palabras
chasqueando lengua en sonidos y sílabas
pues casi nunca sé
qué significa ser estar reconocer
si no comparo cotejo distingo
no sé
De verdad que he intentado
desde la oquedad en mi pecho
escribir sobre jinetes sobre arroyos
silenciosos y campos
plasmar la estepa y la tumba
narrar el paso deambulante
del viento entre la hierba
y el labrar moribundo
de fronteras desoladas
pero mis dedos solo hablan
de los tuyos