jueves, 31 de mayo de 2012

Acorde desafinado

¿A quién le gusta una canción perfecta? 
No hay nada comparable al desliz de una cuerda de guitarra, desviándose por un momento de la nota que iba a emitir. O a oírte tocar y que de repente te equivoques, pero sigas rasgando las cuerdas, totalmente metido en la canción. Haciéndola tuya. Sintiendo la música.
Qué sexy que me mires mientras el tema acaba, cuando todavía queda esa impronta eléctrica indicando que aún no os pueden echar del escenario. No mientras quede un zumbido salido del grunge que alimente nuestros oídos. No mientras se siga recordando a Nirvana. No mientras el público siga pidiendo a gritos otro bis. 
Y entonces, cuando acabe el último golpe de batería, y parezca que se va a hacer el silencio, llegará el ensordecedor bramido del público, que es tan importante como la canción, sino una parte de ella. 
Qué sexy una voz rota, susurrando unos versos compuestos por el alma conectada a ella. Que hablen de amor, de olvido, en definitiva; de sentimientos. Porque no hay música sin locura, ni música sin tristeza, y menos sin dicha. Pues lo que le da sentido a ese entramado de palabras y notas es justamente el sentido que queramos darle. 

Un sentido discordante, medianamente equivocado, que entre a patadas en mi pecho y me arranque el corazón para enseñarle el arte de la poesía y los bemoles y luego devolvérmelo imbuido de palabras, deseando volver a escuchar el agudo violín que lo hizo despertar. 

lunes, 28 de mayo de 2012

Contradicciones

Vamos a bailar bajo la lluvia y vamos a reirnos bajos el sol. 
Vamos a cantar y a disfrutar de los silencios. 
Vamos a respirar y a contener el aliento. 


A hacer el amor y la guerra.


Vamos a cansarnos y a descansarnos. 
Vamos decir lo que nunca diremos.
Vamos a ser buenos... y a ser malos.


A admirarnos y a insultarnos. 


Vamos a amar el mar y a amar la tierra. 
Vamos a perdernos y a encontrarnos. 
Vamos a vestirnos... y a desvestirnos


A querernos y a odiarnos.


-No es una contradicción; es que lo quiero todo.- 


domingo, 27 de mayo de 2012

Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?

Que el sol resplandeciera sobre nuestras pieles escondidos entre briznas de hierba cubiertas de rocío
Despertar cansado después de haber pasado el día y la noche a tu lado, corriendo, gritando y riendo. 
Mirar al cielo y maravillarme de su azul
Mirarte mientras un atardecer nos mira a nosotros. 
Que sonara una guitarra en mi oído derecho y un te quiero en el izquierdo. 

Si no tuviera miedo, dejaría de pedir deseos a las estrellas fugaces. 




sábado, 26 de mayo de 2012

Olvido

Estaba tan ocupado escuchando canciones sobre el desamor,
que se me olvidó como sonaba tu voz.
¡OH NO! ¡Si es lo que quiero!
Me voy a envolver los oídos en guitarras de rock,
para no pensar.
Para no pensar en tí.
Para romperme y arreglarme.
Y alegrarme.


Pues, cómo si no podría dejar de recordar,
los matices, las historias,
tus deslices y sueños de gloria


Estaba tan ocupado lamentando que te quería,
que se me olvidó tu rebeldía.
¡OH NO! ¡Si ese era mi plan!
Voy a beber hasta llegar a la luna,
para dejar de respirar.
Para dejar de respirar por ti.
Para encerrarme y luego abrirme.
Y ser libre.


Pues cómo si no podría dejar de recordar,
las risas, las llamadas,
tu olor, y la brisa que brota de tus dedos al rasgar las cuerdas de una guitarra...


... si tú eres el compás que me marca el viento.











domingo, 13 de mayo de 2012

¿Madurar? Qué va.

¿Qué hago aquí mirando al cielo? Esperando, ¿ a qué? ¿A que caiga una tormenta y venga mi amor verdadero a salvarme de la lluvia? (¿O a besarme bajo ella?)
Pues sí, que quieres que te diga, para qué te voy a mentir, es lo que he venido haciendo de un tiempo a esta parte, sin darme cuenta y a la vez consciente, salía a pasear con la esperanza de que surgiera una historia de amor perfecta de debajo de un flyer tirado en la acera.
Y claro, como es lógico, y perfectamente comprensible y esperable, no aparecía ningún caballero andante que me tirara los libros y se quedara prendado de mí. Ni aquí, ni a 500 km de distancia.
Así que ahora salgo, y miro las flores, las casas, los niños, las sonrisas, que me hacen más bien que una vana esperanza. 
Pero seguiré mirando al cielo, ya no con el propósito de que caiga alguien para mí de él, si no porque me gusta. Y punto. 


¿Despertar? 
A lo mejor. 

domingo, 6 de mayo de 2012

Hay muchos peces en el mar

O eso dicen. Las parejas se separan a cada segundo que pasa, y al siguiente, cada miembro ya está eligiendo de nuevo un vestido de novia. ¿Cómo han encontrado tan rápido otra vez ese sentimiento que dicen que es único? Te quiero, ahora no, ahora nos casamos, ahora me enamoro de otro. De un plumazo. Cuatro palabras bonitas, una cena, y ya están dejando al amor de su vida por el siguiente amor de su vida. Amor de su mes debería llamarse. De cuatro o cinco años tal vez. La llama se apaga, poco a poco, y de pronto uno de los dos emprende la búsqueda de otra cerilla que vuelva a prender su corazón, a hacer que cante bajo la ducha, a pintarse la uñas y a bailar en calcetines sin ningún motivo. 
Igual es al contrario, ¿o no? Colgado de una persona, y esta ya ha encontrado un pez que la hace feliz, o sencillamente tú no eres ese pez. ¿Qué se le va a hacer? Hay muchos más, ¿verdad? Alguno te escribirá canciones o te sacará a bailar, y todo arreglado. 
Totalmente desvalorizado, así es como tenemos ahora al amor. Puede que sea un punto de vista, o no, pero ahora mismo, en este momento, para mí solo hay un pez en está ciudad inundada de humo y no de burbujas. Un pez que parece estar hecho para mí, al que llevo esperando mucho tiempo con un libro bajo el brazo.
 Y ahora, completamente distinto y exactamente igual a como lo había imaginado, entra devastándolo todo, sin llamar, y sin preocuparse si hace daño o no. Pues, ¿él qué sabe si es mi pez o no? Como dicen, hay muchos peces en el mar, ¿cómo iba a fijarse en mí entre tanta gente? 
Él ya ha encontrado al pez con el que quiere pasar el resto de su vida, pero su pez no lo ha encontrado a él. Qué jaleo. ¡Es muy difícil encontrar el amor y que él te encuentre a ti! ¡Es muy difícil ser feliz! ¡Es muy difícil hablar con metáforas de peces!
Pero, a pesar de todo que he dicho, miles de parejas se casan cada día, se quieren, se acuestan. 
A mi me cuesta entregarme a alguien. Mucho. Y cuando por fin he encontrado alguien al que estoy dispuesta a darle mi vida, resulta que no la quiere. Quiere la de otra persona, porque hay muchos peces en el mar, ¿por qué absurda casualidad del destino iba justo a querer la mía?