domingo, 13 de mayo de 2012

¿Madurar? Qué va.

¿Qué hago aquí mirando al cielo? Esperando, ¿ a qué? ¿A que caiga una tormenta y venga mi amor verdadero a salvarme de la lluvia? (¿O a besarme bajo ella?)
Pues sí, que quieres que te diga, para qué te voy a mentir, es lo que he venido haciendo de un tiempo a esta parte, sin darme cuenta y a la vez consciente, salía a pasear con la esperanza de que surgiera una historia de amor perfecta de debajo de un flyer tirado en la acera.
Y claro, como es lógico, y perfectamente comprensible y esperable, no aparecía ningún caballero andante que me tirara los libros y se quedara prendado de mí. Ni aquí, ni a 500 km de distancia.
Así que ahora salgo, y miro las flores, las casas, los niños, las sonrisas, que me hacen más bien que una vana esperanza. 
Pero seguiré mirando al cielo, ya no con el propósito de que caiga alguien para mí de él, si no porque me gusta. Y punto. 


¿Despertar? 
A lo mejor. 

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