domingo, 6 de mayo de 2012

Hay muchos peces en el mar

O eso dicen. Las parejas se separan a cada segundo que pasa, y al siguiente, cada miembro ya está eligiendo de nuevo un vestido de novia. ¿Cómo han encontrado tan rápido otra vez ese sentimiento que dicen que es único? Te quiero, ahora no, ahora nos casamos, ahora me enamoro de otro. De un plumazo. Cuatro palabras bonitas, una cena, y ya están dejando al amor de su vida por el siguiente amor de su vida. Amor de su mes debería llamarse. De cuatro o cinco años tal vez. La llama se apaga, poco a poco, y de pronto uno de los dos emprende la búsqueda de otra cerilla que vuelva a prender su corazón, a hacer que cante bajo la ducha, a pintarse la uñas y a bailar en calcetines sin ningún motivo. 
Igual es al contrario, ¿o no? Colgado de una persona, y esta ya ha encontrado un pez que la hace feliz, o sencillamente tú no eres ese pez. ¿Qué se le va a hacer? Hay muchos más, ¿verdad? Alguno te escribirá canciones o te sacará a bailar, y todo arreglado. 
Totalmente desvalorizado, así es como tenemos ahora al amor. Puede que sea un punto de vista, o no, pero ahora mismo, en este momento, para mí solo hay un pez en está ciudad inundada de humo y no de burbujas. Un pez que parece estar hecho para mí, al que llevo esperando mucho tiempo con un libro bajo el brazo.
 Y ahora, completamente distinto y exactamente igual a como lo había imaginado, entra devastándolo todo, sin llamar, y sin preocuparse si hace daño o no. Pues, ¿él qué sabe si es mi pez o no? Como dicen, hay muchos peces en el mar, ¿cómo iba a fijarse en mí entre tanta gente? 
Él ya ha encontrado al pez con el que quiere pasar el resto de su vida, pero su pez no lo ha encontrado a él. Qué jaleo. ¡Es muy difícil encontrar el amor y que él te encuentre a ti! ¡Es muy difícil ser feliz! ¡Es muy difícil hablar con metáforas de peces!
Pero, a pesar de todo que he dicho, miles de parejas se casan cada día, se quieren, se acuestan. 
A mi me cuesta entregarme a alguien. Mucho. Y cuando por fin he encontrado alguien al que estoy dispuesta a darle mi vida, resulta que no la quiere. Quiere la de otra persona, porque hay muchos peces en el mar, ¿por qué absurda casualidad del destino iba justo a querer la mía? 

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