De todas las noches que he pasado despierta
mirando al infinito con pupilas de lince
sin duda alguna me quedo con esta
donde no rezo nada serio ni busco nada importante
que me recorra los tobillos y me acaricie las palmas
mientras insista con dulzura que vuelva a la cama
tranquila que no hay nadie ahí fuera, diga
¿quién es?
la mano que me cubra los ojos antes de dormir
y me aparte la mirada pasadas las cinco
las ganas que tengo de verte
en la oscuridad que reflejan las estrellas mas lejanas
transmitiendo su mensaje de esperanza
no va a volver
porque nunca estuvo
dispuesto a intentar todo lo que imaginé
que de la noche surgiría una sutil sombra
y me envolvería en un breve abrazo
para recordarme que no se había ido
pero que no estaría nunca tampoco
es mucho pedir un favor a la vida
que se aleje, que me deje dormir plácidamente
harta de esperar lo que nunca llegará
mientras una voz me susurra que vuelva a la cama
que hace frío
y no hay nadie ahí fuera
que quiera pasar y explorar mis rincones
descubrirlos y ponerles mi nombre
por todas las paredes que me encierran
que me impiden salir a buscar maravillas
que me convencen de que, en efecto,
no hay nada ni nadie ahí fuera
que deje de soñar despierta
y esperar que justo ahí fuera
estés tú.
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