Si voy a contar tu historia, déjame hacerlo bien. Déjame hablar de cuando sonreías sin vergüenza, sin dolor, sin asco. Déjame hablar del viento en tu mirada, de la admiración de tus manos, de la expresión de tu boca. De cuando la vida era preciosa porque no sabíamos que era vida, ni qué. Déjame contar las veces que nos perdimos, huimos y aparecimos como si nada hubiera ocurrido. Como si no hubieras pasado. Déjame hablar de cada instante imperfecto, de la antítesis de la belleza y la contradicción de la afirmación. Pero no me dejes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario