Deberíamos buscar una nueva, ¿no creéis? Y guardar su significado celosamente. Usarla tres o cuatro veces en nuestra vida. Para que cuando se pronuncie, se aprecie de verdad el sentimiento que conlleva.
Yo propongo; te necesito. ¿No es mucho más impactante el hecho de saber que una persona ne-ce-si-ta que estés a su lado, y no que simplemente lo quiera?
También propongo; sálvame. Sálvame del mundo, de las lágrimas, de la belleza, de ti, de todo y de nada. Sálvame del te quiero y de querer. Siempre hablamos de los hechos, con palabras, pero estas son vacías si no se actúa.
No quieras salvar, salva. No quieras reír, ríe conmigo. Olvídate de las ciudades y de los parques, del amor y del odio. No quieras querer, quiere.
Ríete de lo establecido, impón tus propias normas, habla y ama como quieras, quiere y habla como ames.
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