viernes, 4 de enero de 2013

ABECEDEEEFEJE

Últimamente tenemos desvalorizados a los te quieros. Ya no significan nada de lo que deberían significar. Te quiero, pues vale. Nada nuevo. ¿Tienes algo más que decirme? Y así pasan nuestros días, uno detrás de otro, sin una palabra que nos alegre la mañana, que nos demuestre que somos importantes para alguien, ni que agradezca una sonrisa delicada. 
Deberíamos buscar una nueva, ¿no creéis? Y guardar su significado celosamente. Usarla tres o cuatro veces en nuestra vida. Para que cuando se pronuncie, se aprecie de verdad el sentimiento que conlleva. 
Yo propongo; te necesito. ¿No es mucho más impactante el hecho de saber que una persona ne-ce-si-ta que estés a su lado, y no que simplemente lo quiera? 
También propongo; sálvame. Sálvame del mundo, de las lágrimas, de la belleza, de ti, de todo y de nada. Sálvame del te quiero y de querer. Siempre hablamos de los hechos, con palabras, pero estas son vacías si no se actúa. 
No quieras salvar, salva. No quieras reír, ríe conmigo. Olvídate de las ciudades y de los parques, del amor y del odio. No quieras querer, quiere. 
Ríete de lo establecido, impón tus propias normas, habla y ama como quieras, quiere y habla como ames.

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