pero lo que más me enferma de todo esto es verte tan feliz mientras yo hago pactos con el diablo que me permitan levantarme de la cama cada día, o nado a oscuras en este mar sin ti, intentando no ahogarme, o hacerlo.
Dar un paso tras otro, sin mirar a dónde me están llevando los pies, por miedo a que no sea a tu casa; a perderme entre tus sábanas y soltar todo el rencor en forma de lágrimas, que se lleven lo que nunca me has dado.
Y tú ríes, me miras sin verme, con esa tranquilidad que te caracteriza, piensas en el futuro; tan seguro, tan fuerte, tan claro... tan tú.
Y yo, que no imagino ningún futuro sin ti, que había esbozado unos meses de felicidad, me encuentro a merced de que hoy sonrías o no. Añadámosle un 'me' a la anterior frase, que no me vale que seas feliz; estoy hablando de egoísmo. El mío.
Suena egoísta que rece por que algo destruya tu estabilidad, por no decir felicidad, y al menos sientas la misma desgracia que yo siento. Egoísta es que pida que, si no me sonríes a mí, no le sonrías a nadie.
¿Qué voy a hacer si veo como mi cura es entregada a personas sanas que no la merecen? Quiero decir, ¿...necesitan?
Y mientras intento empezar un nuevo día, y cada día una nueva vida, cruzo contigo un par de frases que, a veces me anestesian unas horas, y otras me enferman aún más.
Y mientras tú vuelas, cada vez más alto -y lejos de mí- yo escribo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario